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Paz.
...Pero llegaste con una disonancia atronadora: martillando los sentidos con la detonación y el estropicio de taladrar una campana, el disparo de un motor, la explosión de una guerra, el derrumbe
de un avión. Con un ruido cual sirena redoblante con gritos de parlantes y desesperación.
Pero te calmé con un abrazo y una caricia en la frente, luego te dormiste en mis brazos con un rostro sonriente.
-Juan Sabayé